Profesión Solemne

El que va a ser admitido, en el oratorio, en presencia de todos, prometa unirse a la comunidad, comportarse como monje y ser obediente delante de Dios y de sus santos. Escriba esta petición (…) y deposítela sobre el altar con sus propias manos (…) empiece enseguida este verso: “Recíbeme, Señor, según tu palabra, y viviré; y no permitas que vea frustrada mi esperanza”. Entonces el hermano se postrará a los pies de cada uno para que oren por él, y desde aquel día será considerado como uno de la comunidad”. (Regla de San Benito. Capítulo 58)

Acabado el período de profesión temporal, el hermano, tras madura deliberación consigo, por la que toma conciencia de la importancia del acto que va a realizar, pide libremente al Abad la profesión solemne.

Por la profesión de votos solemnes el hermano se entrega a Cristo con espíritu de fe y se compromete a vivir perpetuamente la vida monástica en su comunidad, según la Regla de San Benito, incorporándose definitivamente a la Orden. Los hermanos lo acogen con amor en la comunidad y lo ayudan con sus oraciones y ejemplo a revestirse más y más de Cristo.